You wanna be on top? 👑
(SÃ, como el opening de America's Next Top Model. El que, con el paso del tiempo, confirmó que esa incomodidad que sentÃamos al verlo era una señal de que algo en esa narrativa no cerraba. Pero el tÃtulo sirve, y eso es suficiente.)
A finales de febrero me dieron un premio.
No uno que hubiera buscado. No uno que necesitara. No uno que me hubiera levantado de la cama con la intención de ganar. Me nombraron Top Teacher en la institución donde imparto clases a nivel licenciatura, no en uno, sino en los tres programas: preparatoria, universidad y posgrado, yo honestamente, no tenÃa ni idea de que eso era algo a lo que se podÃa aspirar.
Lo primero que sentà fue sorpresa. Lo segundo, un agradecimiento profundo y genuino. Lo tercero, y lo que no me ha dejado en paz desde entonces, fue una pregunta: ¿qué significa que te reconozcan por algo que haces porque te hace bien a ti?
Porque eso es enseñar, para mÃ. No es vocación en el sentido romántico y sacrificado de la palabra. Es salud mental. Es desconexión del ruido del dÃa. Es la posibilidad de hablar, a mis anchas, de todo lo que me apasiona de mi profesión. De dar los consejos que me hubiera gustado tener más joven. De demostrar, entrada a entrada, que el diseño gráfico no es un tema superficial ni decorativo, que atraviesa absolutamente todo lo que vemos, consumimos y decidimos.
Desde el objeto que te invita a tomarlo por la forma de su asa, hasta la tipografÃa que construye o destruye la credibilidad de un lÃder polÃtico. El diseño persuade. El diseño posiciona. El diseño decide, aunque tú creas que decides tú.
Por eso me resulta tan irónico, y a veces tan frustrante, que en la era de la inteligencia artificial, cualquiera se crea diseñador porque hizo un flyer en cinco minutos. El resultado habla solo: genérico, olvidable, sin criterio. Porque el ojo entrenado no se descarga. El talento se trabaja, y los atajos solo producen soluciones pasajeras que nadie recuerda al dÃa siguiente.
Pero ese es otro tema.
El de hoy es el premio. Y la pregunta que me dejó.
Hay una lÃnea de la Agrado, el personaje de Antonia San Juan en Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar, que dice:
"cuesta mucho ser auténtica, señora, y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sà misma."
Yo no soñé para mà esto. No me imaginé de niña parada frente a un salón explicando teorÃa del color o semiótica visual. Pero sà me permitÃ, en algún momento, hacer lo que me hace feliz sin calcular si iba a producir algo medible, reconocible o premiable.
Y paradójicamente, ahà llegó el premio.
Hay investigación que lo respalda. Un estudio de Harvard Business Review sobre el poder de los reconocimientos simbólicos, certificados, agradecimientos públicos, notas, encontró que estas intervenciones pueden mejorar significativamente la motivación, pero su efecto mayor ocurre cuando el reconocimiento llega de forma auténtica y contextualizada. No como incentivo calculado, sino como consecuencia de algo que ya estaba pasando. La investigadora Ashley Whillans, de Harvard Business School, señala que la motivación intrÃnseca, hacer algo por el disfrute genuino de hacerlo, es la que produce resultados más sostenibles, especialmente en trabajos creativos y complejos.
En otras palabras: cuando haces algo porque te importa, y no porque necesitas el reconocimiento, el reconocimiento eventualmente aparece. Y te sorprende.
No estoy diciendo que ignores tus metas. Estoy diciendo que te preguntes de dónde vienen.
¿Las estás persiguiendo porque las elegiste, o porque alguien más te convenció de que deberÃas quererlas? ¿Estás corriendo hacia algo que te da vida, o estás acumulando logros que se ven bien en papel pero te agotan por dentro?
El premio más raro es el que no buscabas. Porque ese sà te dice algo verdadero sobre quién eres cuando no estás actuando para nadie.
Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sà misma.
Yo no soñé este premio. Pero sà me soñé haciendo exactamente lo que hago cuando entro a un salón.
Y eso, creo, es suficiente.
Ha vuelto el momento irreverente: Ya sobreviviste seis ediciones de Mavericks. O te lo contaron. De cualquier forma, la séptima es la que no te puedes perder.
El 8 de abril hablamos de lo que pocos se atreven a decir en el trabajo, y lo hacemos con café, buena gente y cero PowerPoints aburridos:
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